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CAMINOS DE LA TARDE

fin de tarde, casi, tranquilo caminaba
por aquella colina, perdona, de aquí
no se ve, despacio caminando ven (te dije)
tu mano… sí, así… cuando leve un golpe
de viento (no, el mínimo temblor de ligera
brisa, indiscreta mariposa plateada)
a mi izquierda me sopló ffffuuuyyy
la palabrita (aquí), palabra zumbido que
en un primer instante vagamente no me
parecía, estuviese asustado embriagado
entrado en delirios por un sorbo de aire
envenenado, hechizado, y solo al seguir,
decidido atento paso a paso contigo,
los contornos del paisaje, otro manso
ondular del aire la completó:
no es vida ni muerte el tono
ni mayor ni menor, no es, ni melodía
de origen desconocido, y dolor no es,
ni amor ni nada de color, es un nombre
un nombre que me huye me persigue
me conturba un nombre (¿qué diré?)
paulatino / aura / ala / imposible—

de la colina quedó grabado el perfil,
fino ondulado como la hermosa línea
de tu sonrisa iluminando el verde,
tu mano en la mía, el temblor, un soplo,
la breve palma incendiada de tu mano,
y en el manso lomo de la brisa (¿oyes?)
la palabrita adivinada : un (¡qué sonrisa!)
un nombre, ¡dime!, ¿cómo dices que
te llamas… que te llaman?

Tu nombre—
más que el nombre
un impronunciable
deseo, deseo que—

¿te asusta la garra del tiempo
la garra oculta que nos empuja
no para un abrazo (¿y si te cojo,
así de fuerte, y nunca más nunca
más te dejo?) un elo que lo anule,
cadena perpetua, nos empuja,
no para el anhelado beso
que lo eternizara, no, no,
la garra oculta, la garra
y la certeza, la sentencia
de un imposible—