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»Wenn man plötzlich 30 wird,
kann man eines Abends
zu dem Schluss kommen,
dass es sich nicht lohnt,
es weiter zu treiben.«

Uno de mis pocos amigos, un americano
en Heidelberg, andábamos por el cuarto
o quinto scotch, creo, fines de un verano
casi tropical, en las vísperas de irse…
del tiempo, lo garabateó en el blanco
de la servilleta con su boli azul…
eso que se lee arriba, en alemán,
y aquí se transcribe en castellano,
mi tributo al recuerdo de una amistad
de poco más que meses, en verdad
menos de un año…

“Si uno llega a los 30, puede
una tarde darse cuenta
de que no vale la pena
pasar de los 30.”

¡Que las estrellas le sigan
iluminando las tinieblas!