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Para Alejandra y Teresa (A Granel, Cangas)

Primero vino la flor del jardín
que se perdió por el descuido
de una mujer – y no lo creo.

Toda mujer, aún la más frágil
y solitaria, o ausente, parece
existir como para desdoblarse
en cuidados por la humanidad.

Incapaz de vivir sin cuidados
de mujer – y recién llegado
de un viaje muy penoso
(el recuento será tema
para una tarde de invierno)

de la mano bien querida
de mi ángel de la guarda
un regalo regio:

esa flor orquídea que otras
manos mágicas, para alegrar
mi regreso, me regalaron.

¡Contento y gracias
por ese golpe de felicidad!

(“Versos dispersos”, 2014)