Some say the world will end in fire,
Some say in ice. (Robert Frost)

flores y colores de junio para suplantar
el esplendor y el horror de un verano
que ni la peor pesadilla pudiera evocar
ni el tembloroso calor de tu mano
ni el arrullo de las ondas do mar
de Vigo para calmar el arcano
estigma de una sentencia funesta
cáncer la mera palabra cáncer
seca desnuda como un puñal
sin rima sin eco bisílabo fatal
negro hondo pútrido abismo
de un camposanto el sordo abismo
que da a la nada y nada es nada
a los sesenta o setenta o más duele igual
pero a veces casi se me olvida el mal
por la ausencia de dolor, duele sí
el alma por la vida alrededor
la voz del viejo amigo es casi un soplo
y no quiere modesto hablar de su dolor
habla de Mankell muerto hace poco
y de la niña Andrea de Compostela
un señor mayor y una niña
de muy dolorosa infancia
que se acaba sin que comience
una vida que sí tuvo y plena el nórdico
fabulador de sombras hielo y sangre
cáncer, no así la niña ajena a la muerte
que a los doce duele más y ahí la voz
de mi amigo de siempre es sonrisa
que ilumina las sombras de su cara
y me habla (ahora sí) transfigurado
sin amargura sin prisa de sus años
de niño y de su vida errante lejos
de la infancia lejos de su lengua
de los cantos y del aire de su tierra
transfigurado por un breve rayo
de melancólica alegría me estrecha
fuerte la mano me besa la mejilla
y sin decir palabra se va
sereno transfigurado
ni adiós ni nada
cáncer

{del poemario «Modulaciones en sol menor», © text&music, 2015}