Love in the afternoon

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar…
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
{«Gratia plena» – Amado Nervo}

El acaso y el hondo hechizo
de una mirada, clara y sugestiva
como la aurora, furtiva e insondable
como el crepúsculo, la breve sonrisa
[única] y el amplio silencio de labios
entreabiertos, un roce de manos
que no se tocan, pasos de ola y brisa
como vuelo de nubes o golondrinas,
vago olor de mar y de una flor
insospechada, qué voy a saber
jamás de tus recuerdos, del color
de tu piel entre blancas sábanas
o en ciertas tardes de verano,
figura sin nombre de mujer
sin culpa de pecados ajenos,
habitas desde ese instante
fugaz, sin pudor y sin querer,
sin jamás siquiera imaginarlo,
el inocente harén de nieblas
y de la más pura tiniebla
que anhela mi piel

{de “Versos dispersos”, © text@music, 2014}

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Traición poética

A minha pátria é como se não fosse, é íntima
doçura e vontade de chorar; uma criança dormindo
é minha pátria. […]
Se me perguntarem o que é a minha pátria, direi:
não sei. […] Uma ilha de ternura: a ilha
Brasil, talvez.
VINICIUS DE MORAES, “Pátria minha”

 

Vinicius*, no el poeta bohemio del whisky y del amor
(infinito mientras dure), a quién no llegué a conocer,
aunque coincidiendo en el tiempo, él no, el otro
Vinicius, que se declaraba, sin amargura ni pena,
sin suerte en el amor, y que para beber, nada
de extravagante, pedía cachaça con limón,
sin azúcar eh, no sabía nada de música, nada,
y muchísimo menos de literatura, aún así,
buen amigo de copas, leía a veces un poema,
o mejor prefería escuchar en la mesa de un bar,
después de la cuarta o quinta dosis, doble eh,
con medio limón exprimido, sin azúcar, ese
o aquel poema de la boca del propio poeta,
allí, de cuerpo presente, a veces, y a veces
ausente de espíritu, cachaça no, un daiquirí,
Vinicius, al saber de mis andanzas por otras
tierras e idiomas, bebió de un trago la copa
recién llegada, ¿la séptima?, dio un puñetazo
en la mesa y, ¡hombre!, cómo puedes, no puedes,
eso es traición, desde cuándo eres un traidor,
sí lo sé, intentando calmarle la súbita furia
patriótica, claro, traición a la lengua madre,
ahora mismo la estoy traicionando de nuevo
y además también aprendí a leer y hasta escribo,
¡oye!, Muttersprache, ¿qué? ¿ya estás borracho?
Me río y me explico, lo intento como puedo, pues
entender ni yo lo entiendo, muerta mi madre
sufro ahora un colapso lingüístico, acabo
de adoptar, para burlarme de la insidia,
la hermosa lengua de la madre de mi hijo,
cuya lengua madre, vaya, es la de schiller
doscientos años después, ¿me entiendes?
yo tampoco, Vinicius no sale de su asombro
y pide la décima, doble eh, yo (¡un momento!)
ya voy por el por la por los, bueno,
por el daquirí aquél, el penúltimo,
a ahogar el gusano de la traición… ¡skoool!

(* mi modesto tributo al poeta sambista por sus 100 años de vida… © text@music, 2013)

Leb wohl!… ¡Adios!

»Wenn man plötzlich 30 wird,
kann man eines Abends
zu dem Schluss kommen,
dass es sich nicht lohnt,
es weiter zu treiben.«

Uno de mis pocos amigos, un americano
en Heidelberg, andábamos por el cuarto
o quinto scotch, creo, fines de un verano
casi tropical, en las vísperas de irse…
del tiempo, lo garabateó en el blanco
de la servilleta con su boli azul…
eso que se lee arriba, en alemán,
y aquí se transcribe en castellano,
mi tributo al recuerdo de una amistad
de poco más que meses, en verdad
menos de un año…

“Si uno llega a los 30, puede
una tarde darse cuenta
de que no vale la pena
pasar de los 30.”

¡Que las estrellas le sigan
iluminando las tinieblas!

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